Primero que nada, en nuestra mente, cuando igualamos nuestros pensamientos y nos llevamos a nosotros mismos a un estado de ecuanimidad, entonces nada puede molestarnos en realidad. Todos los pensamientos tienen un valor igual; cada uno desaparece tal como apareció. Lo que nos excitó hace un momento es repuesto por otro pensamiento que aparece para ocupar nuestra mente. Cuando no valoramos un pensamiento o actividad de vida sobre otro, entonces estamos comandando la igualdad. Lavar los trastes es tan importante como escribir esa próxima canción. Cuando comandamos la igualdad, estamos balanceando nuestra vida.
Cuando tratamos a todos como nuestros iguales (¡in lak’ech!), sabiendo que todos tienen el mismo potencial de alma quintaesencial que nosotros, y no favorecemos a nadie sea que crean en lo que nosotros creemos o no, entonces tenemos una igualdad comandante. Cuando comandamos la igualdad, estamos tomando un paso positivo hacia la Noósfera. En la Noósfera, la igualdad de pensamiento y vida nos trae la telepatía universal, la cual sólo puede ocurrir cuando estamos en paz con nosotros mismos, y nadie es estimado mental, espiritual o moralmente inferior o superior a nadie más.
